martes, 10 de septiembre de 2013

pediquiur

Le extraño cada que me corto las uñas de los pies. Me acostumbro a cortarme él las uñas de los pies. Con sus manotas toscotas me hacia pediquiur cada que se lo pedía. El lo disfrutaba y yo disfrutaba no tener que hacerlo. Soy afortunada por que es lo único que extraño de mi papa, ahora que ya no esta en éste plano. O sea, ahora que ya esta muerto y solo vive en mi memoria. Ya son pasados los seis años que se fue. Y caigo en cuenta de que no lo extraño. Ya me acostumbré a no tenerle, pero también sucede que no dejamos pendientes. En varias ocasiones he comentado que me encantaría que viniera, nos hiciera de cenar, se quedara para la cena y la sobremesa, que era lo mejor: esas platicas que no nos llevaban sino a laberintos que nos hacían reír, carcajear, o mentar madres, según fuera el caso. Y una vez lavados los trastes, te vas.

Si me concedieran ese deseo, le pediría que nos hiciera chorizo de puerco bien frito, con totopos y frijoles refritos. Recuerdo que en ocasiones le decía: estoy a dieta, ni me hables para cenar. Entonces él  hacia lo mas sabroso y mantecoso y carbohidratoso que se le ocurriera y me gritaba: Tráeme mis cigarros. Bajaba yo a dejarle sus cigarros, pero el muy cabrón ya tenia puesto el plato en mi lugar de la mesa. Quién soy yo para despreciar semejante manjar? Así sucumbía a la tentación. Así le demostraba cariño a él  su madre y así nos lo demostraba a sus hijos.

Todo esto nada mas para contarles que hoy me corté las uñas de los pies.

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