martes, 23 de julio de 2013

Pasaron muchos meses para que yo regresara al cine, me era dolorosamente nostálgico. Hasta que este fin de semana pasado regresé, al cine de siempre. Después de dos cervezas previas que me tomé en el bar y el riguroso café del cine, mi vejiga me levantó de mi asiento. Era la ultima función del llanero solitario, así que el silencio inundaba el lugar. Nada más agradable que los sanitarios solos, fue una de esas meadas en que la orina tarda en salir de tantas ganas que tiene de hacerlo, como la eyaculación precoz del célibe forzado. Así las cosas, me puse a leer la puerta del baño: Puto el que lo lea, Mayra y Pepe, las de la 5 son guarras y mas cosas plasmadas en la puerta con pluma, plumón o navaja. Ese tipo de textos no cambian con el paso del tiempo.

Unos zapatos blancos de niña pasaron hasta el fondo del baño, enfrente de mi. En silencio se lavó las manos y se las secó con el aparato que echa aire. Sólo había tres funciones a las diez de la noche, ninguna función para publico infantil. Se abrió la puerta y en silencio se cerró.

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